jueves, 22 de julio de 2021

 

RECUERDOS DE MI VIDA FERROVIARIA

 

“ENFRIANDO LOC” ( Enfriando Locomotora) 

 

Mis recuerdos, historias y anécdotas ferroviarias comenzaron mucho tiempo antes de ser yo, un ferroviario.

Al ser hijo de Maquinista de Locomotoras y de haber vivido mi adolescencia en un maravilloso pueblito llamado Darwin en el valle medio de la Provincia de Río Negro, netamente ferroviario y en donde vivían hombres empleados del ferrocarril de todas las especialidades (Maquinistas, foguistas, cambistas, Jefe de Estación, auxiliares, peones, encargados de Depósito de Locomotoras, mecánicos, guardas y personal de vías y obras), hacía que formáramos una gran familia en donde todos nos conocíamos y nos ayudábamos mutuamente.

En aquellos años maravillosos desde 1969 a 1976, época en la que viví allí antes de entrar a trabajar en el ferrocarril en bahía Blanca, la cooperación entre las familias era absoluta. Todo lo que se necesitara en el pueblo, ya fueran insumos que no se consiguieran o alguien que tuviera que viajar, se hacía por tren.

”Haceme la gauchada” era el común denominador que involucraba a todos.

“Vas a Neuquén y regresas mañana a la noche?, por favor traeme este medicamento”.

 

…”El jueves vas a Río Colorado con el diagrama?, haceme una gauchada, no me llevás al pibe?” le dijo mi viejo a José Miguel Castaño, Maquinista y papá de mi amigo “cachi” en la vereda del bar de Eusebio Villacorta; tiene torneos escolares deportivos todo el fin de semana y se viene conmigo el lunes a la noche con el tren de pasajeros”. Aquellos torneos intercolegiales que organizaba el Ministerio de Educación de la Provincia en diferentes ciudades, eran fabulosos. Recibían a todos los visitantes y los alojaban en casas de familia mientras duraba el evento, yo integraba el equipo de Voleibol del colego Nacional Perito Moreno de Choele Choel.

…”Ningún problema!” le dijo Castaño, decile que el Jueves a las 15,00 hs. Partimos”

Los torneos se realizaban en Septiembre mes de la primavera y comienzo de días hermosos. El jueves almorcé temprano y a las dos de la tarde ya estaba con mi mochila lista mirando hacia la playa de maniobras observando al tren que estaba formado y listo para salir, pero todavía sin Locomotora.

“No te apures, me dijo mamá, todavía falta una hora y además tiene que salir la máquina del galpón, no?”…indudablemente y como siempre, mamá era más ferroviaria que nosotros…

 

El día estaba hermoso, sin viento pero ya se hacía sentir el calor, era una primavera muy linda. Tres menos diez de la tarde y al sentir el silbato de la Locomotora que venía a enganchar la formación, apresuró mis besos y abrazos con mamá, partiendo raudo hacia el tren.

El cambista era el petizo Albarengue que al verme parado al lado del vagón me dice…”Que hacés con esa pinta?, te vas de joda?”. Si!...se va con nosotros a Río Colorado a correr a todas las minas de allá! Le respondió el negro Di tullio el foguista entre risas y con la infaltable pavita de agua en las manos…

La Locomotora era una Baldwin Lima Hamilton que se veía bastante baqueteada, pues las chorreadas de aceite por sus laterales a la altura de la chimenea, así lo denunciaban. Enganchada a la formación, con el freno bien revisado ya que se trataba de freno al vacío (Las Baldwin no tenían sistema de freno al aire comprimido para el tren) y con los datos del guarda en poder de Castaño, a las tres y media de la tarde partíamos rumbo hacia Río Colorado.

La salida de Darwin es muy pesada. La vía es una contínua rampa que sube casi hasta el Km. 967 en donde medianamente se nivela. Son diecinueve kilómetros de subida continua  que siempre ponen a prueba a cualquier Locomotora, basta como referencia que en la época de las Locomotoras a vapor, cuando un tren a salir era muy pesado, se le hacía remolque por cola, es decir otra locomotora iba empujando desde atrás para ayudarlo a subir hasta el kilómetro. Este viaje no era la excepción, encima con este calor…

El tren era el Nº 6148 le decían el basurero porque llevaba cargas de todo tipo: Chatas de piedra, otras con caños, otras con leña a granel (seguramente para alguna panadería importante), vagones con repuestos ferroviarios, rezagos de vagones radiados del servicio y cortados en trozos para fundición y algunos vagones tanque de soda cáustica provenientes de la planta de Indupa de cinco Saltos, realmente muy pesado.

Ni bien salimos y antes de cruzar el paso a nivel de la ruta 22 que se encuentra a 2500 metros, Castaño ya llevaba a la pobre Baldwin en “Punto 8”, este es el punto máximo de aceleración y a “campo pleno”, que en la jerga de Conducción quiere decir que los motores eléctricos de tracción van trabajando a máxima potencia y el tren a…19 Km /h! Cruzamos la ruta y aunque el sonido del motor se escuchaba parejo, daba la impresión que iba a explotar!  

El negro Di Tullio sonreía mientras me miraba de reojo, seguramente viendo mi rostro entre angustiado y preocupado por el tremendo esfuerzo que hacía la Baldwin.

“ No te preocupes que no va a explotar!, éstas son carne e´perro me decía, mientras sacaba un calentadorcito eléctrico de su bolso y ponía la pava a calentar para comenzar la ronda de mate.

Pasando por la Estación Choele Choel en la mitad de la subida, la Locomotora comenzó a patinar. Fueron tres o cuatro patinadas que redujeron la velocidad pero que no entorpecieron la marcha, solamente provocaron un poco más de angustia en mi cara motivo por el cual, el primer mate de la ronda fue para mí…

 

…”Tomá pichón! Me dijo el negro mientras me ofrecía el mate, si te gusta esta profesión te vas a tener que acostumbrar a estas cosas, aprender todo esto te va a ayudar mucho en tu futuro laboral”. El ruido que hacía el motor diesel trabajando a pleno era ensordecedor; apenas se escuchaban nuestras voces y Castaño muy concentrado en la conducción, nos miraba de reojo y cruzando miradas picarescas con Di Tullio parecía preguntarle; que le pasa?, está asustado? Mientras tanto, la subida continuaba…

 

De acuerdo al Intinerario, este tren tenía desde Darwin al Km. 967 una hora ocho minutos de recorrido, eran las cuatro y media de la tarde y estábamos por el km. 973 faltándonos seis km. Para llegar, por simple deducción los seis km. Restantes era imposible hacerlos en ocho minutos…

“Vamos a llegar atrasados al km.” Le digo a Di Tullio mostrándole mi reloj con aires de gran  conocedor, a lo que me responde con una sonrisa, “Démosle gracias a Dios si llegamos al final de esta subida y al kilómetro, sea cuando sea”…

Pasando por el disco de aproximación a la estación en donde el perfil de vía comienza lentamente a normalizarse terminando con esa terrible subida, escuchamos una explosión, un fogonazo dentro del gabinete eléctrico a nuestras espaldas, y el motor diesel desacelerando bruscamente yéndose a bajas revoluciones pero sin detenerse.

 

…”Bué!...Cag…! yo pensé que aguantaba dijo Castaño cerrando la manija de aceleración  mientras que el negro miraba por la puerta hacia el motor observando como una fina llovizna escapaba del tanque de agua por la boca de carga…

“Hizo sifonaje! Por la alta temperatura! Colocá los ventiladores en manuable para ver si enfría un poco y podamos tener tracción para llegar al km. Estamos ahí nomás, carajo!”

El tren se fue deteniendo lentamente hasta llegar a la señal de distancia, quedando a tan solo mil cuatrocientos metros de la estación.

“Fijate si podes ver el vidrio – nivel del tanque de agua para ver si le quedó algo”…le dijo Castaño al negro. Para hacer eso, había que meterse dentro de la sala de máquinas y mirando por el ojo de buey de la puerta hacia el motor, un profundo terror me agarró de solo imaginarme tener que entrar ahí!...

El negro tomó el sudador (trapo rejilla) embebido en agua y se zambulló dentro de la sala de máquinas, desapareciendo entre el humo. Los caños de escape al rojo vivo por la falta de amianto en algunos tramos, quemaban en el acto las gotas de aceite que por salpicadura le llegaban, transformándolas en humo.

“Le quedan dos dedos de agua” dijo el negro saliendo del infierno, todo transpirado y con parte de su cara tiznada…” Fenómeno! Dijo José, la subida terminó y en donde tengamos nuevamente tracción, vamos a cargar agua en el kilómetro, preparáte para trepar como un mono”. Yo no entendía nada hasta que llegamos al 967 en donde ahí si, entendí la frase; el pobre negro se tuvo que subir al techo de la locomotora con una manguera de tres pulgadas que le dio y ayudó el auxiliar a poder subirla, para darle agua por la boca de carga superior, ya que los caños colocados debajo del bastidor para cumplir esa función estaban taponados, rotos o directamente ya no existían.

Con los años y luego de estudiar todo el funcionamiento de la Locomotora, entendí porque ocurrió esto, pero en ese momento era chino básico para mí…

 

Llegamos al kilómetro 967 diecisiete treinta horas, y gracias a la ayuda del auxiliar se pudo completar el tanque de agua en un tiempo razonable.

Reanudamos la marcha dieciocho quince horas avisando a la oficina de Control trenes de todo lo ocurrido antes de salir, y como circulábamos con orden de vía con precaución desde el kilómetro a estación Fortín uno por estaciones intermedias en clausura,  avisamos también que revisaríamos la Locomotora a la llegada y daríamos aviso de las novedades.

El viaje continuó con normalidad. Ya no quedaban rampas tan severas y los mates continuaron su ronda.

 

“En Fortín vamos a tener que parar un rato a “ENFRIAR LOC!” (Enfriar Locomotora), Le dice Castaño al negro, el cual aplaudía gritando…SI!...SIIIII!!...CLARO QUE SI!... Yo no entendía nada hasta que llegamos a Fortín uno,  diecinueve treinta horas.

Resulta que en esta Estación el auxiliar tenía una pequeña despensa tipo almacén de barrio, con la cual abastecía de algunos insumos a los pocos lugareños que vivían cerca de la Estación y dentro de ella una heladera grande a kerosén, ya que no había energía eléctrica en el lugar, y que enfriaba como los dioses!

Pese a que la Locomotora estaba normalizada y en buenas condiciones para continuar viaje, José le dice al auxiliar, “Avisale a Control que vamos a suplir agua nuevamente y que “ VAMOS A ENFRIAR LOC!” antes de continuar “

Esto significaba quedar el tren detenido por lo menos de cuarenta a cuarenta y cinco minutos con ventiladores en manuable y el diesel a bajas revoluciones, sin traccionar para que no recaliente nuevamente el motor. Yo me preguntaba porque hacían eso si la Locomotora se había normalizado y como adivinándome el pensamiento el negro me dice: “Vení y mirá porque vamos a ENFRIAR LOC!  Y al entrar en la oficina de auxiliares veo a Castaño, al guarda y al auxiliar rodeando una generosa tabla de madera con una tremenda picada de Salame, Chorizo casero, queso cáscara colorada, galleta de campo y unos “Aperitivos” con soda bien fresquitos!

Aunque yo tomé una gaseosa, disfruté como uno más de esa “Enfriada de Loc.”, recordándola como una de las experiencias más linda de mi vida, preanunciando lo que sería con el tiempo mi vida ferroviaria en aquellos tiempos de Ferrocarriles Argentinos, en donde se podían hacer estas “Travesuras” sin entorpecer el servicio y sin perjudicar a nadie.

 

Luego de esta tremenda “Enfriada de Loc.” Continuamos viaje veinte y treinta horas sin más inconvenientes llegando a Río Colorado a las doce y media de la noche, con la panza llena y con una experiencia inédita para mí que aún hoy, luego de tantos años, me sigue provocando una sonrisa, llena de melancolía y de nostalgia.

Sin lugar a dudas…pinceladas de otros tiempos… 

 

 

 

CARLOS DINAMARCA, JUNIO DE 2020.-